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Afina producción detalles para El lago de los cisnes

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Afina producción detalles para El lago de los cisnes

La música de Chaikovski inunda el lago menor del Bosque de Chapultepec y su isleta, que se ha transformado y aparece flotando en ella un castillo. Preciosos cisnes blancos enmarcan el escenario.

Un cambio se registra cada año desde hace 39 temporadas en este espacio natural al que la gente asiste a ver uno de los ballets más apreciados: El lago de los cisnes. Y detrás del vistoso espectáculo en el que la Compañía Nacional de Danza del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) convierte la coreografía de Lev Ivanov y Marius Petipa, hay un gran equipo que no se ve, pero que es fundamental.

“Una producción muy moderna para agradecer al público que nos ha favorecido con su presencia durante tantos años, y para atraer la atención de quienes no la conocen, es la que ofrecerá la Compañía Nacional de Danza”, afirmó en entrevista su directora, Laura Morelos.

“Además, aprovecharemos la oportunidad para invitar los asistentes a que donen un juguete. Lo recaudado será entregado el próximo 30 de abril, Día del Niño, a alguna institución del DIF. Este año, quien disfrute de El lago de los cisnes tendrá la posibilidad, además, de alegrar a un pequeñito”.

A unos días de que dé inicio la temporada 2015, la directora de la Compañía Nacional de Danza comentó que se encuentran muy emocionados haciendo los ajustes y cambios necesarios a fin de ofrecer cada vez un mejor espectáculo.

Para hacer realidad la magia de El lago de los cisnes, decenas de trabajadores se ven por doquier, montados en lo alto de las luminarias, revisando cada detalle, para que todo esté perfecto durante las 24 funciones de esta temporada.

Los camerinos ya están listos; ropajes de terciopelo bellamente decorados y bordados, tocados, tutús y capas están a la espera de que los bailarines salgan a lucirlos.

Miguel Garaventa, encargado del vestuario, recordó que los diseños, estrenados el año pasado, son creación de Mireya Rodríguez.

Hubo que buscar todo tipo de telas, terciopelos, shantung de seda, piedras, tul, gasas, para repartirlos entre quienes se encargan de confeccionar la ropa para los hombres, la de las princesas, los tutús, los trajes de bufón. Son alrededor de diez diferentes talleres.

“Las faldas de la corte van forradas con gabardina para que duren, ya que además de verse bien, no hay que olvidar que es ropa de trabajo y se trata de una inversión a largo plazo”, indicó Miguel Garaventa.

Este año se cambió la parte superior de los tutús para que luzcan como nuevos. Cada uno de ellos lleva 12 capas de tul calibre 40; hay cortos y otros como falditas para las noches de más frío. El del cisne blanco y el del cisne negro lucen pedrería que los hace destacar del resto.

Los trajes se realizan en el mismo color y bordados para cada familia de las que aparecen en la corte. La reina, madre del príncipe Sigfrido, luce un magnífico vestido color rojo.

El brujo Von Rothbart tiene una capa negra y roja con plumas y un vestuario de piel entretejida con piedras, cuando hace su aparición en la corte. Las princesas casaderas todas visten en color salmón.

Garaventa comentó que este año, aunque el vestuario ya está listo, hay mucho trabajo, ya que debe ajustarse la ropa cada función, de acuerdo con el cuerpo de los bailarines, además de que siempre hay una o dos personas en cada camerino para resolver los percances que ocurren en el momento: puede romperse un tirante o zafarse un broche, pero siempre sucede algo que es imposible prever y que debe ser solucionado.

En cuanto a las zapatillas, las de mujer son de color salmón, por lo que deben ser pintadas. Las de los varones son del color de la malla que portan, aunque este año casi todos calzarán botas, lo que también es más difícil, ya que deben atarse con cintas de cuero.

En estos momentos, la parte técnica ya casi está lista. No obstante, desde septiembre del año pasado se iniciaron los preparativos, y el 12 de enero de 2015 se colocó la primera pieza del montaje, refirió Francisco Muñoz, coordinador técnico de la producción.

Aproximadamente 300 personas son las que trabajan en el montaje de escenarios y gradería: constructores, armadores, ayudantes, especialistas en iluminación y audio. Para colocar el escenario hay que sumergirse en el lago con traje de buzo, pues la estructura debe anclarse.

Aunque se trata de un espectáculo tradicional, la intención es renovarlo cada año, pues el proyecto se amplía, surgen nuevas expectativas de expresión y se combinan nuevas tecnologías, como el video, junto a los conceptos habituales de escenotecnia.

Sonido con preamplificación, estudiado y diseñado para las características del espacio, con bocinas frontales y monitoreo; 300 pantallas led para formar la figura del castillo; pantalla de agua; caballos, y lancheros son algunos de los elementos empleados para recrear la historia de la forma más realista posible.

Mientras unos trabajan en los detalles técnicos, los bailarines no dejan de ensayar y seguir las indicaciones, como Argenis Montalvo, quien alternará como el príncipe Sigfrido por segundo año consecutivo.

El joven originario de Guadalajara, en su tercer año en la Compañía Nacional de Danza, ya ha sido también el príncipe de La Cenicienta y participado en Coppélia y El cascanueces.

Caso similar es el de Greta Elizondo, de Monterrey, quien encarnará por segundo año al cisne blanco. Ambos dijeron sentirse muy emocionados y con una gran responsabilidad por tener asignados roles tan importantes. El año pasado les tocó estrenar escenografía.

Del jueves 26 de febrero al domingo 29 de marzo, a las 20:00 horas, de miércoles a domingo, la historia del príncipe Sigfrido y las princesas Odette y Odile harán soñar a los asistentes. No olviden llevar su juguete para donar.

Fuente: INBA

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Edgar Robles, Jurado de la Gran Final CIAD México

Edgar Robles

EDGAR ROBLES RODRÍGUEZ

Edgar Robles (Distrito Federal, México, 1973), bailarín de danza contemporánea estudia la carrera

de ”Intérprete de danza de concierto“ en la Academia de la Danza Mexicana del Instituto Nacional de

Bellas Artes, e inicia su experiencia profesional en 1989 con la compañía Púrpura, dirigida por Silvia

Unzueta. Ha pertenecido a varias agrupaciones entre las que se cuentan Utopía, dirigida por Marco

Antonio Silva (1995-98), Ballet Independiente (1997-1998) y Nemian de Isabel Beteta (1999-2003);

asimismo, ha sido bailarín invitado en La Cebra, El Circo ContemporáNEO, Aksenti y El Cuerpo

Mutable, Ballet Moderno de México/Las bestias, entre otras compañías. El repertorio que ha bailado

incluye obras de coreógrafos que van desde Raúl Flores Canelo hasta Gerardo Delgado y Mauricio

Nava, así como obras creadas por coreógrafos extranjeros como son los canadienses Michael

Menegon, Alan Kaeja y Keith Morino, y la alemana Vera Sanders. Ha realizado giras en la República

Mexicana y a países como Alemania, Portugal, Canadá, Brasil, Finlandia, Ecuador, Cuba y Estados

Unidos.

La formación académica de Robles incluye las técnicas Graham, clásica, Limón, Release y

Leeder. Ha tomado cursos en Jitanjáfora, bajo la dirección de Farahilda Sevilla; el Ballet Nacional de

México y ha estudiado con maestros como Xavier Francis, Rossana Filomarino, Victoria Camero,

Javier Romero, Eva Pardavé, Manolo Vázquez y Capoeira con Mariano Andrade. A la fecha entrena

en el Conservatorio de Danza que dirige Guillermo Maldonado.

Cabe mencionar la labor de promoción que Edgar Robles ha realizado de la técnica de

Sigurd Leeder, discípulo de R. Laban y fundador de la Folwang Tanz School, en Essen, Alemania,

con la que entra en contacto a través del curso ”Análisis del movimiento, coréutica y eukinética“

impartido por Rodrigo Fernández y Valentina Paves, catedráticos de la Universidad de Santiago de

Chile y directores de la agrupación Danza en Cruz. Robles también ha asistido al curso ”Técnica

Humphrey-Limón“, impartido por Alan Danielson del Limón Institute y a varios centrados en la técnica

Graham; También ha tomado los diplomados ”Dirección escénica“ con el Maestro Ludwik Margules e

”Iluminación“ con Gabriel Pascal, los seminarios ”Docencia e investigación en danza

contemporánea“ del CENIDI, y ”Medicina y ciencias aplicadas a la danza“, con la Dra. Ma. Eugenia

Arciniega.

Su labor docente la desarrolla en la Academia de la Danza Mexicana, la Escuela del Ballet

Independiente, los Talleres Libres de Danza de la UNAM, la Escuela Nacional de Danza Folklórica

y el CENIDI Danza ”Josè Limon“. En 2000, forma parte de la Comisión de Evaluación de la XII

Muestra de Escuelas Superiores de Danza del INBA. Así mismo entrena a compañías profesionales

de Danza Contemporánea (TANDEM, Contradanza, Tania Pérez-Salas, Cía. y Ballet Independiente).

Imparte clases maestras de Método Leeder (CENIDI Danza ”Josè Limon“); así como de

”Técnicas alternativas de entrenamiento dancístico“

Asesor de proyectos de titulación de Escuelas Profesionales como la Academia de la Danza

Mexicana y Escuela Nacional de Danza Folklórica.

Actualmente, Edgar Robles explora y abunda en la interpretación como bailarín solista e

invitado en diversas agrupaciones y destaca como coreógrafo en obras como: ”No dije Adiós a

nadie“, ”Se presume muerto“, ”implante de sueños“, ”El hombre que nunca estuvo”, ”Arrieros

Somos“; entre otras.

La investigadora y crítica de danza Rosario Manzanos lo ha incluido en sus listados de los

más destacados bailarines en años recientes y el crítico Gustavo Emilio Rosales ha señalado sobre

su trabajo interpretativo, ”…se percibe (en Robles) la manera en que los tejidos musculares pueden

‘hablar’ sin necesidad de partir de un discurso literario“ [Tiempo libre. 26 oct.-1 nov. De 2000, no.

1068, vol. XXI, pág. 48].

En 2004, Robles recibe un reconocimiento a su trayectoria dancística otorgado por Vitars-

Fomento Cultural y por la Sociedad Mexicana de Coreógrafos, que presiden Héctor Garay y Patricia

Aulestia, respectivamente.

Ha sido becario como intérprete del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes del Estado de

México (1998-99) y del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (2000-01).

Ha participado en numerosas coreografías premiadas, de entre las que destacan Incertae Sedis,

de Duane Cochran (Segundo Premio de la Crítica ”Raúl Flores Guerrero“, 2000) y Damascus, de

Manuel Stephens (Primer lugar, XXIV Premio INBA-UAM, Concurso de Composición Coreográfica

Contemporánea, 2003).

Ha entrenado a las compañías Danza Contemporánea Universitaria, Contradanza, Tandem, Ballet

Independiente y Tania Pérez Salas, entre otras, con técnica contemporánea.

Es nombrado en Diciembre de 2010 a Junio de 2102 Director artístico de Ballet Independiente

(compañía de 45 años de trayectoria) presentándose en los foros más importantes de México como

Bellas Artes, Teatro de la ciudad Esperanza Iris, Teatro de la Danza, Teatro de la Paz de San Luis

Potosí, Sala Luis Cabrera de Puebla, puebla, Complejo Universitario de la BUAP, Puebla, Teatro

Macedonio Alcalá de Oaxaca, Teatro Pedro Díaz, Córdoba, Veracruz; entre otros. Produciendo más

de diez programas y doce coreografías.

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Ofrenda Fóramen Réquiem nacido del corazón

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Ofrenda Fóramen Réquiem nacido del corazón

A través de la expresión corporal, el ritmo y la majestuosidad del Réquiem en D menor K. 626 (1793) de Wolfang Amadeus Mozart, seis bailarines narraron en coreografías ya intensa, ya sutiles, la idea de las ausencia física que, curiosamente, se vive en cada momento, para al final hacer de la muerte un tema de vida.

La interpretación “Sabemos que nuestro destino final será al atravesar el umbral. Sin embargo, hay cosas que nos amarran a la tierra, nos desaparecen, nos esconden.

“Aquí nos mienten, nos callan. A lo lejos como estrellas rojas, nos arrugan con su dolor. Una ofrenda, nuestra danza, nuestro réquiem nacido del corazón”, narra Beatriz Madrid, la directora de la compañía de danza contemporánea Fóramen M. Ballet, al anunciar la tercera llamada en el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris de la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México.

Sobre el escenario, a oscuras salvo por el haz que emite un pequeño reflector, una joven camina con un pequeño anafre con incienso en combustión en las manos para dar inicio al espectáculo Réquiem (anécdotas de la nostalgia), espectáculo presentado este sábado 21 de febrero en presentación única.

En un ambiente solemne, son montadas tres mesas que a lo largo de la obra desempeñan usos múltiples: igual se convierten en tumbas, que en camas, bancas, un confesionario o en el muro de los lamentos.

Es un montaje sencillo, pero simbólico: el duelo en el escenario, donde tres parejas de bailarines (tres hombres y tres mujeres) vestidas de negro, motivan la reflexión sobre la muerte, el cierre de ciclos y todo aquello que da sentido a la existencia.

Las emociones que emergen durante la pérdida de un ser querido son depositadas en los movimientos de los bailarines: la frustración, la tristeza o la confusión ante la partida sin regreso son sentimientos que se apoderan del espectador, pues en el recinto se alcanzan a escuchar sollozos.

Al fondo del escenario se proyectan imágenes de cine y la pieza –música y danza– cobra intensidad hasta que uno a uno los bailarines se desmoronan para dejar en blanco el espacio y llenar con luz el vacío. Los danzantes se acercan a la luz, se estrellan en ella y cruzan el umbral.

De pie, los asistentes aplaudieron el trabajo de los creadores de Fóramen M. Ballet y su Réquiem (anécdotas de la nostalgia).

Al final, tanto la directora Beatriz Madrid, como la Compañía Fóramen Ballet vieron premiado su trabajo por la Asociación Ibero-Americana Filipina de Ateneos y El Ateneo Amicus-Nabor Carrillo, que entregaron una litografía que hacen los artistas del Río Sena, en la Catedral de Notre Dame, para reconocer la obra dancística.

Fuente: Secretaría de Cultura Ciudad de México

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Raquel Tibol o La pasión crítica

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Raquel Tibol o La pasión crítica

Por Óscar Flores Martínez

El fallecimiento de la crítica e historiadora de arte Raquel Tibol (Basavilbaso, Argentina, 14 de diciembre de 1923-Ciudad de México, 22 de febrero de 2015) constituye una sensible pérdida no sólo para el ámbito de las Artes Visuales en general, sino también para el mundo de la crítica de la Danza de México en particular.

Lamentablemente, las primeras informaciones y biografías publicadas en diversos medios surgidas ante la noticia del deceso de la Mtra. Tibol se han centrado básicamente en lo anecdótico: que si abofeteó a Siqueiros por unas declaraciones xenofóbicas, que si vivió un tiempo en la casa de Frida Kahlo, que si nunca se afilió a un partido político, que si los artísticas plásticos sentían verdadero temor ante sus juicios, entre otros tópicos.

Por fortuna, la relevancia del trabajo de la crítica nacionalizada mexicana en 1961 sobrepasa –y por mucho– estos hechos que si bien pueden ser importantes en un contexto determinado, quedan rebasados ante su mirada y juicio crítico, básicamente sustentados por el rigor académico de su trabajo y un gran sentido ético.

Raquel Tibol no era infalible, ni creo que ella hubiera querido serlo. Se podía estar de acuerdo o no con sus juicios. Lo importante en su labor crítica se basó en su argumentación precisa, su profunda reflexión estética en torno a la obra artística.

Es por ello que como acertadamente comenta el doctor en Historia del Arte Renato González Mello “… las artes de la segunda mitad del siglo XX, no se entienden sin su participación como crítica. De manera que indudablemente será una parte muy importante en cualquier historia que se escriba de esa época. Lo que se investigue y piense del arte mexicano tendrá que considerar su intervención, su punto de vista, las estrategias que tuvo y la manera en que opinaba”.

Por otra parte, no menos importante, es que para Raquel Tibol el trabajo de “crítico de arte” no admitía ambigüedades. No había lugar para confundir la labor del crítico con la de promotor de artistas o de tendencias artísticas. Aún para la obra de los artistas cercanos a su corazón pudo ser una crítica imparcial.

Y si bien Tibol fue en esencia una especialista en Artes Visuales, la Danza –particularmente la moderna y contemporánea– pudo beneficiarse de su reflexión estética. Cuentan sus biógrafos que su primer trabajo en el periodismo cultural mexicano fue una entrevista con el cineasta Luis Buñuel y que su segunda colaboración fue dedicada a Xavier Francis, un bailarín y coreógrafo norteamericano, radicado en México, de gran influencia para la danza moderna y contemporánea nacional, pero cuya trayectoria independiente floreció fuera de las compañías y tendencias apoyadas desde el oficialismo.

Raquel Tibol sigue muy de cerca el trabajo del Ballet Nacional de México y sus coreógrafos, particularmente el trabajo de Guillermina Bravo, pero también aportó un luminoso artículo al trabajo de otra coreógrafa independiente: Cecilia Appleton.

La crítica de arte también realiza una aportación más sistemática a la danza a través del libro Pasos en la danza mexicana (Textos de Danza 5/Difusión Cultural/UNAM, 1982, 182 páginas) donde recopila y da nueva forma a diversos escritos de diferentes épocas en torno a seis coreógrafos y compositores cercanos a la danza: Anna Sokolow, Carlos Jiménez Mabarak, Xavier Francis, Guillermo Noriega, Guillermo Arriaga y Guillermina Bravo.

“Los seis capítulos que componen este libro deben tomarse como consignaciones y, si así se le antojara a alguien, como cuentos extraídos de la realidad. No son biografías completas ni historias cerradas. La única fuente de materia prima está en los ciento cincuenta artículos, comentarios y notas que sobre danza escribí en diarios y revistas a partir de 1953”, se lee en el primer párrafo de la Advertencia que a manera de prólogo escribió Raquel Tibol.

Dicen que no hay mejor homenaje póstumo que leer –o volver a leer– el trabajo de un escritor que ha fallecido. Me parece que esto sería muy acertado en el caso de Raquel Tibol.