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El Centro de Investigación Coreográfica, espacio de renovación de la danza contemporánea, cumple cuatro décadas

Con cuatro décadas de historia, el Centro de Investigación Coreografía (Cico) del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL), fundado por la maestra Lin Durán, se ha posicionado no sólo como un espacio de renovación de la danza contemporánea, sino de intercambio e investigación que ha permitido nuevas rutas en la expresión de esta disciplina. 

En entrevista, Javier Contreras, actual titular del Cico, afirmó que la historia de este centro se remonta a 1979. Originalmente se abre como parte del Centro Cultural Ollin Yoliztli bajo el nombre de Centro Superior de Coreografía (Cesuco), en un momento en que la enseñanza de la danza contemporánea estaba permeada casi en su totalidad por la técnica Graham, creada por la estadounidense Martha Graham, relató.

En aquella época la maestra Lin Durán entendía que hacía falta en México un centro superior de enseñanza y sistematización de los saberes coreográficos y funda este espacio, el cual permitió, por ejemplo, que se conociera la técnica de José Limón en el país.

Posteriormente, el Instituto acogió el proyecto a través del entonces CID-Danza, hoy Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información de la Danza José Limón (Cenidid), con la intención de que fuera la parte práctica de la investigación, sin embargo, a lo largo de los años ochenta recuperó su proyecto original de escuela.

Javier Contreras recordó que la creación del ahora Cico fue muy importante, sobre todo, porque no había un centro de formación coreográfica en México y permitió otras técnicas de formación para los bailarines, como la de José Limón. Al mismo tiempo enriqueció el panorama de expresión dancística y permitió sistematizar este conocimiento para la educación coreográfica, al contribuir al movimiento de los grupos independientes en la década de los ochenta, momento clave para la danza en el país.

“El Cico ha tenido cuatro aportaciones sustanciales en la danza de México. Primero, su apertura permitió que se exploraran otras técnicas; segundo, fue un espacio que dio oportunidad al florecimiento de diversos grupos independientes; tercero, adoptó la vertiente somática de la danza contemporánea, es decir, fue la primera escuela en México en abordarla; por último, ha ampliado las nociones de lo que se entiende como coreográfico”, dijo Javier Contreras.

En muchos sentidos, el Centro ha sido pionero, explica su titular: “Hace 15 años ya empezaba a profundizar la vertiente somática, que ahora genera diversos estudios sobre la experiencia dancística contemporánea. También ha aspirado a adoptar ciertas perspectivas éticas dentro de la danza, por ejemplo, no formar gente en una lógica de competencia. Es una escuela donde el único requisito de ingreso es que alguien tenga la preparatoria, pero que demuestre habilidades creativas”, señaló.

El especialista añadió que la selección de los aspirantes no se basa, por ejemplo, en el tipo de cuerpo, porque no es pertinente para el tipo de educación que ahí se ofrece, debido a que no es una escuela de intérpretes. “Lo que nos interesa es generar estudiantes que aborden y amplíen lo que se entiende por coreográfico. Sabemos que el cuerpo, sea cual sea su tipo, es posibilidad de saberes y de enunciaciones, lo cual es un derecho que todos tenemos. Somos una escuela que, a través de la investigación coreográfica, busca motivar la voz artística personal”.

Para el también investigador en danza, esta disciplina atraviesa una etapa de transición y retos: Quizás podemos hablar de que hay una suerte de agotamiento en algunos paradigmas de la danza contemporánea. Es un momento pertinente para dialogar con otras posibilidades a fin de enriquecer las voces de la danza en la República Mexicana.

“El Cico es precisamente uno de los espacios en México que permiten abrir diálogos, sumar voces, realizar exploraciones e investigaciones en danza, para multiplicar los métodos de composición coreográfica y ampliar las visiones que tenemos sobre lo dancístico y coreográfico.

“La danza mexicana y la danza contemporánea son uno de los patrimonios artísticos más importantes de nuestro país. Su desarrollo ha sido un esfuerzo de décadas, desde los años veinte y treinta del siglo pasado, cuando se forman las primeras escuelas y compañías en México. Desde entonces ha sido un esfuerzo continuado por todas las instancias e instituciones que se dedican a promover, enseñar y difundir la disciplina”.

Javier Contreras puntualizó que si bien el Centro tiene su carácter específico, también es parte de un movimiento más amplio dentro del panorama dancístico mexicano que ha hecho aportes importantes y ha permitido nuevos diálogos e innovaciones dentro de la danza moderna y contemporánea nacional.

Fuente: INBAL

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